Un hombre de 39 años del pueblo de Mattishall, Norfolk, fue noticia recientemente con una historia que provoca una profunda reflexión. Tras comprar una tarjeta rasca y gana en una tienda local en julio, Adam Lopez, que trabajaba como operador de montacargas y solo le quedaban 12,40 libras en su cuenta bancaria, ganó un millón de libras.
Al recibir el inesperado premio, tomó una decisión precipitada: dejó su trabajo y empezó a celebrar sin parar. Durante tres meses, vivió una vida de excesos, disfrutando de fiestas, comida y bebida sin límites. Pero las consecuencias pronto le pasaron factura.
“Me permitió vivir una vida que nunca había vivido, pero creo que la tomé por mal camino. Fue agradable hasta que mi salud se convirtió en un problema”, declaró Adam a la BBC. El 10 de septiembre, fue trasladado de urgencia al hospital, donde le diagnosticaron una embolia pulmonar bilateral.
Recuerda: “No podía caminar ni respirar. Llamé a la ambulancia; me subieron en silla de ruedas y lo que más me cambió la vida fue estar acostado en la parte trasera de la ambulancia y escuchar las sirenas”.
Afortunadamente, Adam sobrevivió. Sin embargo, su historia contiene profundas lecciones espirituales que muchas personas pasan por alto. La Biblia dice: “La herencia adquirida de prisa al principio, no será bendecida al final.” (Proverbios 20:21). En otras palabras, recibir algo prematuramente puede convertirse en una maldición en lugar de una bendición.
Cuando alguien adquiere algo para lo que carece de la estructura necesaria, lo que podría haber sido una bendición puede terminar volviéndose en su contra. Todo lo que intentes apresurar en tu vida, sin dar los pasos necesarios, acabará derrumbándose por falta de una base sólida. En cambio, quienes construyen sobre una base firme nunca caerán.
El Señor Jesús ilustró esta verdad con una imagen poderosa: “cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca.” (Mateo 7:24-25).
Cuando tu vida se basa en la obediencia a la Palabra de Dios, ninguna tormenta puede destruir lo que has creado. El verdadero éxito no se trata de la rapidez con la que logras algo, sino de cuán profundamente tu vida está arraigada en Dios.
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Fuente: https://www.bbc.co.uk/news/articles/cly7xgwpy3yo