Tres parejas, una vocación: una consagración histórica en Tierra Santa

En la mañana del sábado 25 de julio, el obispo Edir Macedo dio una ceremonia especial en la Iglesia Universal de Tel Aviv, Israel. La ocasión marcó un momento histórico para la Iglesia: por primera vez en el país, tres parejas fueron consagradas para dedicar sus vidas a la obra de Dios.

El obispo Macedo comenzó la ceremonia orando por todos los presentes antes de invitar a las parejas Ricardo y Alessandra, Gabriel y Paula, y Benny y Monique al altar. El obispo explicó que quienes deciden servir a Dios en el altar deben anteponer su voluntad a sus intereses, planes y deseos personales.

Para ilustrar la profundidad de este compromiso, el obispo Macedo mencionó el ejemplo de Eliseo, quien dejó atrás su vida anterior tras ser llamado a asistir al profeta Elías (1 Reyes 19:19-21). La disposición de Eliseo a sacrificarlo todo por Dios le permitió realizar una obra aún mayor que la de su predecesor.

Con ese mismo espíritu, el fundador de la Iglesia Universal determinó que los nuevos pastores consagrados realizarían obras aún mayores que las que él y los demás obispos y pastores habían estado llevando a cabo en la obra de Dios.

«Los consagramos aquí ahora para que puedan hacer más de lo que nosotros hemos hecho, para la gloria de Dios», dijo el obispo Macedo.

Junto con los obispos Domingos Siqueira y Gustavo Boccoli, el obispo Macedo ungió a las parejas, orando para que Dios les concediera una doble porción de la unción que él y los demás obispos habían recibido, capacitándolas para ser fructíferas en su ministerio y alcanzar a muchas almas.

Tras la consagración, los pastores oraron en tres idiomas diferentes: ruso, árabe y hebreo. Este momento reflejó la diversidad cultural de Israel y reforzó la misión cristiana de difundir el Evangelio entre personas de diferentes naciones y orígenes.

La consagración de pastores es uno de los momentos más significativos en el ministerio de quienes dedican su vida a servir a Dios. Mucho más que una ceremonia, es la confirmación espiritual de un llamado que a menudo viene precedido de años de compromiso, sacrificio y dedicación a ganar almas.

Estas parejas dejaron sus países de origen para dedicar sus vidas a servir a Dios y cuidar de las personas en una nación que ha sido repetidamente afectada por la guerra y el conflicto. Lejos de desanimarse por estas circunstancias, han dedicado su tiempo y energía a apoyar a la población local y a cumplir el mandato del Señor Jesús: «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15).

Su consagración representa no solo el comienzo de un nuevo capítulo en su ministerio, sino también la continuación de una misión que no conoce fronteras: llevar fe, esperanza y salvación a todos los que estén dispuestos a recibir la Palabra de Dios.