En tiempos difíciles, mantén tu enfoque en Dios

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En tiempos de malas noticias, crisis inesperadas o presiones repentinas, el corazón humano tiende a inclinarse hacia el miedo, la duda y la desesperación. Sin embargo, quienes mantienen una sólida comunión con Dios no se centran en sus problemas; se centran en Él.

La fe no ignora la realidad; simplemente se niega a dejarse controlar por ella. La Palabra de Dios nos enseña que la clave de la victoria reside en mantener nuestro enfoque en Él, confiar en su dirección y depender completamente de su poder.

El libro de 2 Crónicas narra la inspiradora historia del rey Josafat de Judá y cómo respondió a una gran amenaza que no podía ser superada por la fuerza humana. Aquí hay tres lecciones importantes que podemos aprender de su historia:

1.Cuando llega el miedo, mantén tu enfoque en Dios y búscalo con todas tus fuerzas

Josafat recibió noticias aterradoras: un gran ejército marchaba contra él y ya estaban cerca. El miedo es una respuesta natural ante situaciones que escapan a nuestro control, pero a diferencia de muchos que, en momentos de temor, se quejan o se alejan de Dios, Josafat eligió la respuesta correcta: buscó al Señor y proclamó un ayuno en todo Judá.

Lo que marcó la diferencia en esta historia fue la actitud de Josafat. No negó la amenaza, sino que se acercó a Dios con sinceridad y reverencia. Admitió que no sabía qué hacer, pero declaró: «…Nuestros ojos están vueltos hacia ti» (2 Crónicas 20:12). Esto ejemplifica la verdadera fe: no la ausencia de miedo, sino la decisión de anteponer el miedo a Dios y confiar en que Él sabe exactamente qué hacer. No importa cuán grave sea el problema o cuán poco preparado te sientas, acude a Dios. Él responde a quienes lo invocan.

2.Exalta la grandeza de Dios por encima de tus problemas

Cuando Josafat oró, no comenzó quejándose ni lamentándose. Su oración se caracterizó por la exaltación de la grandeza de Dios. Él proclamó que el poder y la fuerza están en las manos de Dios y que ningún enemigo puede resistirlo. Esto nos enseña que, en lugar de magnificar nuestros problemas, debemos magnificar a nuestro Dios. Al hacerlo, incluso en medio de las pruebas, demostramos confianza en su soberanía.

3.Dios tiene una dirección para cada batalla

Después de que el pueblo oró y se humilló ante Dios, llegó la respuesta: «No temáis, ni os acobardéis delante de esta gran multitud, porque la batalla no es vuestra, sino de Dios» (2 Crónicas 20:15). Hay batallas en las que Dios nos instruye a actuar y otras en las que nos dice que esperemos y confiemos. Por lo tanto, el discernimiento espiritual es esencial para comprender qué espera de nosotros en cada situación.

Josafat y su pueblo obedecieron. Temprano a la mañana siguiente, se dispusieron a enfrentar al enemigo, alabando al Señor. Dios preparó emboscadas contra sus enemigos, lo que los llevó a destruirse unos a otros. Toda la batalla fue ganada por el poder de Dios: un recordatorio contundente de que cuando seguimos su dirección y mantenemos la mirada puesta en Él, Él obra de maneras extraordinarias.

En lugar de enfocarte en la magnitud de tu problema, dirige tu atención a la grandeza de tu Dios. Incluso ante situaciones aparentemente imposibles, no le quites la mirada de encima. El mismo Dios que luchó por Josafat sigue luchando por quienes confían en Él hoy.

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