El Evangelio se expande en Trinidad y Tobago

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En el sur del Caribe, frente a la costa de Venezuela, se encuentra Trinidad y Tobago, una nación de aproximadamente 1.3 millones de habitantes. Compuesto por dos islas principales y varias más pequeñas, el país es conocido por sus hermosas playas, selvas tropicales y vibrante cultura.

Sin embargo, tras este hermoso paisaje, hay personas que enfrentan desafíos en su vida diaria. Fue con el deseo de compartir la Palabra de Dios con estas personas que la Iglesia Universal comenzó su labor en el país.

El camino comenzó en 1999 con un pequeño grupo vinculado a la Iglesia Universal en Jamaica. Su primera reunión se llevó a cabo en la casa de un miembro que había participado previamente en la Iglesia en Londres, Inglaterra. Desde ese humilde comienzo, la obra fue llegando gradualmente a más personas.

Una década después, en 2009, la iglesia se estableció en Arima, Trinidad. Luego, a finales de 2010, llegó a Tobago, la segunda isla más grande del país.

Hoy en día, la Iglesia Universal está presente en las nueve regiones principales de Trinidad y Tobago. Hay 18 iglesias, 28 pastores, cinco de ellos nativos de la región, y 155 voluntarios involucrados en diferentes grupos evangelísticos.

La sede nacional tiene capacidad para 460 personas, lo que la convierte en un punto central para muchas de las actividades que se realizan en todo el país.

Sin embargo, gran parte de la labor evangelística se lleva a cabo fuera de los templos. Los voluntarios encuentran diversas maneras de conectar con la gente en su vida cotidiana: salen a las calles, participan en programas de televisión y utilizan las redes sociales para compartir el Evangelio. También distribuyen café a los trabajadores, organizan grupos de oración en hogares, visitan a personas en hospitales y participan en proyectos de acción social.

A menudo, una vida puede empezar a cambiar con algo tan sencillo como una conversación, una taza de café o una visita en un momento difícil.

TrinidadSegún el obispo Ricardo Pereira dos Santos, responsable de la obra en Trinidad y Tobago, estos esfuerzos han brindado a las personas la oportunidad de dejar atrás sus antiguas creencias y comenzar una nueva vida con el Señor Jesús.

Para quienes participan en la labor de ayuda, comprender las dificultades que atraviesan las personas es fundamental para poder ayudarlas.

Si bien el petróleo y el gas natural desempeñan un papel importante en la economía del país, no todos se han beneficiado de ellos.

El obispo Ricardo afirma: “El desempleo, la delincuencia y los suicidios han aumentado en medio de la crisis económica, lo que ha provocado que algunas familias tengan dificultades incluso para cubrir sus necesidades básicas. Además de la asistencia espiritual, distribuimos canastas de alimentos”, explica.

De cara al futuro, se planea expandir aún más la labor mediante la apertura prevista de cinco nuevas iglesias en zonas remotas del país.

Para el obispo Ricardo, el propósito es claro. “Nuestro objetivo no es traer religión, sino la Palabra de Dios”, enfatiza.

Y aunque la Iglesia ha avanzado mucho desde aquella primera reunión en una casa, cree que aún queda mucho por hacer.

“Debemos seguir cumpliendo nuestra misión. La Gran Comisión no es una opción, sino un mandato del Señor Jesús”.

Para quienes aún no han respondido a su llamado, les plantea un desafío: mirar más allá de sí mismos, reconocer el sufrimiento ajeno y permitir que Dios use sus vidas para marcar la diferencia.

Mientras la labor continúa en Trinidad y Tobago, la misión permanece clara: llevar el Evangelio a más personas, servir a los necesitados y cumplir el mandato del Señor Jesús de ir y hacer discípulos.