El libro de Jeremías nos dice: “Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor. Será como árbol plantado junto al agua, que extiende sus raíces junto a la corriente; no temerá cuando venga el calor, y sus hojas estarán verdes; en año de sequía no se angustiará ni cesará de dar fruto.” (Jeremías 17:7-8)
En este pasaje, las aguas simbolizan la Palabra de Dios. Así como el agua purifica y sustenta la vida, la Palabra de Dios renueva, purifica y fortalece la mente y el corazón de quienes se sumergen en ella. Quien recurre regularmente a las Sagradas Escrituras permite que sus pensamientos se limpien de dudas, miedos y confusión, reemplazándolos con fe, claridad y esperanza.
Las raíces que se extienden hacia el río representan más que la simple proximidad; simbolizan el esfuerzo intencional. Las raíces se abren paso a través de la tierra, superando la resistencia y buscando con perseverancia lo que da vida. De la misma manera, buscar a Dios requiere dedicación, disciplina y perseverancia. Implica reservar tiempo, resistir las distracciones y priorizar la profundidad sobre la comodidad. Cuanto más profundas sean las raíces, más estable se volverá el árbol, capaz de mantenerse firme incluso en las condiciones externas más adversas.
Hoy en día, es común recurrir a la inteligencia artificial para obtener respuestas rápidas, explicaciones instantáneas o soluciones a los problemas cotidianos. Si bien la tecnología puede ser útil en muchas áreas de la vida, no puede reemplazar lo esencial para el alma. En lo que respecta a nuestra salvación, fe y destino eterno, debemos ser más intencionales y perspicaces. Estos asuntos exigen sabiduría, verdad y comprensión espiritual.
Por esta razón, debemos cultivar la inteligencia espiritual. Esta no se desarrolla mediante algoritmos ni datos, sino alimentando constantemente nuestra mente con la Palabra de Dios. Al leer, meditar y practicar lo escrito en la Palabra de Dios, nuestra fe madura, nuestro discernimiento se agudiza y nuestra relación con Dios se profundiza.
Es en la Palabra donde debemos buscar respuestas a nuestras dudas, preguntas y luchas internas. Quienes así lo hacen se convierten en los árboles descritos en Jeremías: sus raíces se extienden firmemente hacia el río. Sus mentes están ancladas en la verdad de Dios y, por lo tanto, no temen cuando surgen dificultades. Incluso en épocas de sequía espiritual o presión externa, siguen siendo fructíferos porque su fuente no son las circunstancias que los rodean, sino Dios mismo.
Cuando comprendemos que la verdadera paz y estabilidad provienen de estar arraigados en las Escrituras, nos damos cuenta de la importancia de nutrir nuestra vida espiritual constantemente. Por eso, todos los miércoles tenemos una reunión especial para fortalecer nuestra relación con Dios y cimentar nuestras vidas en su Palabra, ayudándonos a crecer espiritualmente y a mantenernos firmes en la fe.
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Evento: Los Miércoles del Cuerpo de Cristo
Día y hora: Todos los miércoles a las 19:30 h (también a las 7:00 h, 12:00 h y 16:30 h)
Ubicación: En la Iglesia Universal en español