creer en Dios, nuestro mayor sueño, usar la fe,
En aquella época se entraba una vez al año en el Santuario. Y todas las demás personas se quedaban del lado de fuera, esperando…
Zacarías salió elegido en un sorteo entre todos los sacerdotes, para ser el único que entrase en el Santuario aquel año.
Pregunto: ¡¿Realmente sería suerte… una vez que el ángel se presentó a Zacarías?! ¿No sería un plan de Dios?
Si… ¡Exactamente eso! Dios ya conocía a Zacarías. Él se destacaba delante de los demás sacerdotes. Era justo, como también su esposa.
Y ser justo, ¡es usar la fe!
Dios sabía que Zacarías estaba allí por una causa, y la causa de Zacarías era a favor del pueblo. No era simplemente un dolor personal, fruto de su propio egoísmo o resultado de sus necesidades.
Porque si Zacarías estuviese allí por un interés personal, y no con una definición o meta, Dios jamás se le aparecería.
Pero, ¿de qué se trata esa definición?
Antes de que él entrase en el Santuario, ¡Ya había definido su fe! Él era un sacerdote y atendía a las personas…
Cuando cada una de ellas presentaba sus ofrendas, por la expiación de pecados y para suplir sus necesidades, Zacarías era movido por ese dolor…
“Se callaba”, teniendo en su interior el dolor… Con el fin de asumir su entrega incondicional a Dios, que era independiente de cualquier circunstancia.
Él no tenía hijos, porque su esposa era estéril…
Pero a partir del momento en que la persona se dispone a creer en Dios, no por lo que Dios podrá hacer por ella, sino por lo que Él significa en su vida, entonces se vuelve justa, para evaluar, “pesar” y “cortar” el mal por la raíz… No teniendo piedad contra los sentimientos y el egoísmo.
Por más injusto que sea que un sacerdote no tenga hijos, la verdad es que ese no era el mayor sueño de Zacarías… ¡Su mayor sueño era servir a Dios y transmitir vida a las personas!
¡El deseo de tener un hijo jamás ofuscará su fe! No dejó de ejercer el sacerdocio por ese motivo, ni siquiera dejó de servir y honrar a Dios.
Así, por la sed de justicia, y el “grito” de ver al pueblo obtener la respuesta, provocó la venida del ángel.
“…se turbó, y el temor se apoderó de él.”
Cuando Dios “aparece” en la vida de alguien, surge un temor. No se puede considerar una “palabra maravillosa” y, aún así, continuar con la misma vida… Si no hay temor, entonces no fue Dios ¡quien te reveló!
Cuando Dios habla, no permanecemos impasibles, sino que nos “agitamos”; se mueve nuestro interior, hasta que se cumplan Sus promesas.
¡Las personas que nos rodean, esperan el resultado de nuestra fe!
Así, cuando no somos egoístas, además de obtener el resultado de lo que pedimos, conquistamos la realización de nuestro mayor sueño, ¡como ocurrió con Zacarías!
Vivi Freitas
www.vivifreitas.me/es
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