¿Cuándo fue la última vez que oraste?

Praying

Cuando surge una situación difícil, ¿cuál es tu primer instinto?

¿Hablas directamente con Dios en oración o recurres inmediatamente a alguien más?

Cuando anhelas una bendición, ¿le pides a Dios o confías en que otros oren por ti? Cuando deseas el bautismo del Espíritu Santo, ¿lo buscas a diario o solo en la iglesia? Y cuando anhelas la conversión de un ser querido, ¿le presentas a Dios personalmente o depositas tu fe en fotografías, prendas de vestir o en otras personas que oran por ti?

Estas preguntas no pretenden juzgar, sino invitar a la reflexión. Desafortunadamente, muchas personas confían solo en las oraciones de los demás. Al hacerlo, pierden algo vital: la oportunidad de cultivar su propia relación con Dios a través de la oración.

Seamos claros: la oración no es una práctica religiosa. No se trata de rituales, lenguaje imponente ni de repetir palabras sin sentido. Tampoco es un monólogo donde hablas sin parar sin esperar nada a cambio.

Mucha gente dice: “No sé orar”, pero orar es más sencillo de lo que solemos pensar. Orar es una conversación consciente e intencional entre una persona y Dios. Es personal, sincera e indelegable.

La oración es una línea directa de comunicación con Dios: sin intermediarios, sin esperas, sin barreras. Sin embargo, a muchas personas les cuesta mantener una vida de oración.

Algunos creen que Dios ya lo sabe todo, así que no hay necesidad de hablar. Otros piensan que sus oraciones son menos importantes o que Dios escuchará con más gusto a otra persona. Algunos sienten que sus problemas son demasiado pequeños, mientras que otros culpan la falta de tiempo por estar muy ocupados cuando, en realidad, a menudo se debe al desánimo o al cansancio espiritual. Y luego están quienes han orado durante tanto tiempo sin ver respuesta y simplemente se han dado por vencidos.

Pero ¿sabías que no existen las oraciones sin respuesta?

Dios siempre responde: a veces con un “sí”, a veces con un “no” y a veces con un “todavía no”. Cada respuesta es una respuesta, dada según su sabiduría y amor.

Una vida de oración descuidada a menudo revela problemas más profundos: orgullo, autosuficiencia, fe debilitada, miedo al cambio, falta de confianza o incluso frialdad espiritual. Puede mostrar con qué facilidad comenzamos a vivir como si no necesitáramos a Dios en absoluto. Y solo hay una manera de superar esta distancia: volviendo a la oración.

¿Cómo debemos orar?

La Biblia nos enseña que la forma en que pedimos importa (Santiago 4:3). Cuando Jesús enseñó el Padrenuestro, no nos estaba dando palabras para repetir mecánicamente, sino un modelo a seguir.

Ese modelo se puede entender en tres simples partes:

Adoración
Reconocer quién es Dios —su grandeza, santidad y autoridad— con humildad y reverencia (Mateo 6:9).

Solicitud
Compartir lo que hay en tu corazón: tus necesidades, preocupaciones, planes y deseo de guía (Mateo 6:10-12).

Gratitud
Confiar en que Dios te escucha y agradecerle de antemano que se haga su voluntad (Mateo 6:13).

La oración fluye naturalmente cuando la entendemos como una relación. Al igual que una conversación significativa con alguien a quien amas, un tema lleva a otro y, sin darte cuenta, el tiempo ha pasado. La sinceridad, la entrega, la intención, las palabras habladas y la comprensión son esenciales.

Orar no se trata de hablar sin parar; también se trata de escuchar. Proverbios 28:9 nos recuerda que, si apartamos nuestros oídos de la Palabra de Dios, incluso nuestras oraciones pierden su poder. La verdadera oración requiere intercambio: Dios nos escucha y nosotros lo escuchamos a Él. Esa confianza crece cuando conocemos su Palabra. Orar es creer que Dios escucha y que puede responder.

La Palabra de Dios nos dice que las oraciones sinceras son tan valiosas que se guardan en copas de oro ante Dios (Apocalipsis 5:8). Jesús mismo enfatizó la importancia de la oración cuando dijo que debemos orar siempre y nunca desistir (Lucas 18:1).

Sin una vida de oración, es imposible permanecer firmes en las promesas de Dios y, más aún, preservar nuestra fe y salvación.

La oración no es opcional, es esencial.

¿Listo para poner esto en práctica? Únete a nosotros este sábado 17 de enero a las 08:30h para el Ayuno Colectivo, donde comenzamos una nueva Cadena de Oración: “Siete Sábados de Respuestas”. Ven preparado para recibir de Dios, preséntate con fe y expectativa, y permite que tu vida de oración se renueve, fortalezca y transforme.

Ora, confía en Su tiempo y observa cómo se manifiestan sus respuestas.

Evento: Siete Sábados de Respuestas
Periodo: sábado 17 de enero – sábado 28 de febrero a las 08:30h
Ubicación: En la Iglesia Universal en español