Todos disfrutamos cuando la vida transcurre sin problemas. Sin embargo, la realidad es que nuestros días suelen estar llenos de desafíos que nos exigen adaptarnos, perseverar y seguir adelante.
Nuestra primera reacción ante estos obstáculos, especialmente aquellos que parecen persistentes, puede ser la frustración, el desánimo o la evasión. Al fin y al cabo, superar una barrera requiere esfuerzo, determinación y mucha más energía que quedarnos donde estamos.
Esto puede generar un círculo vicioso. Surge una dificultad, dudamos en afrontarla y la falta de progreso refuerza la creencia de que el cambio es imposible. Pronto, podemos encontrarnos aceptando una situación limitante simplemente porque nos resulta familiar.
El problema es que el crecimiento rara vez se produce sin cierto grado de incomodidad. Las nuevas responsabilidades, las situaciones desconocidas y las metas ambiciosas nos exigen aprender, adaptarnos y, a veces, arriesgarnos a cometer errores.
Esta idea está estrechamente relacionada con los conceptos de mentalidad fija y mentalidad de crecimiento, desarrollados por la psicóloga Carol Dweck de la Universidad de Stanford.
Una mentalidad fija es la creencia de que cualidades como la inteligencia, el talento y la habilidad son prácticamente inmutables. Quienes piensan así pueden tender a evitar los desafíos, ya que los errores y los contratiempos pueden interpretarse como una prueba de su falta de capacidad.
Una mentalidad de crecimiento, en cambio, se basa en una creencia diferente: que las habilidades se pueden desarrollar mediante el esfuerzo, la perseverancia, estrategias efectivas y la guía de los demás. En lugar de ver un error como un veredicto final, una persona con una mentalidad de crecimiento aprende a verlo como parte del proceso de mejora.
Por lo tanto, el obstáculo no siempre es el mayor problema. Lo que más importa es cómo elegimos responder ante él. Cuando nuestra atención se centra exclusivamente en el problema, este puede parecer más grande que todo lo demás. El progreso comienza cuando dejamos de mirar solo la barrera, salimos de nuestra zona de confort y alzamos la mirada.
Cuando buscamos a Dios, recibimos inspiración, guía y fuerza para actuar. Con una dirección más clara, estamos más dispuestos a hacer el esfuerzo necesario, aprender nuevas habilidades y desarrollar una mayor capacidad para superar los problemas.
Este es un principio clave que enseñamos en nuestras reuniones de Prosperidad con Dios, que se llevan a cabo todos los lunes. Estas reuniones ayudan a las personas a aprender a usar la fe como una poderosa herramienta para alcanzar sus metas financieras y profesionales.
Mediante enseñanzas prácticas basadas en la Biblia y la oración, se anima a los participantes a buscar la inspiración, el enfoque y la guía de Dios mientras dan pasos firmes hacia lo que desean lograr.
Únete a nosotros en la Iglesia Universal y aprende a perseguir tus metas con fe, disciplina y la confianza de que, con la guía de Dios, puedes avanzar y superar los obstáculos que se interponen en tu camino.
Evento: Reuniones de Prosperidad con Dios
Fecha y hora: Lunes a las 19:30h (también a las 7:00 h, 12:00 h y 16:30 h)
Lugar: En la Iglesia Universal
Fuente: https://news.stanford.edu/stories/2018/06/four-ways-human-mind-shapes-reality