Tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el 10 de agosto, la Iglesia Universal se movilizó rápidamente para apoyar a los afectados y ayudar a los equipos que respondían al desastre.
A medida que se hacían más evidentes las necesidades de las comunidades locales, las 171 Iglesias Universal de toda Colombia funcionaron como centros de acopio de donaciones, recolectando alimentos y otros artículos esenciales para las familias afectadas por el terremoto.
Para la mañana del martes 11 de agosto, apenas 24 horas después del desastre, ya se habían recolectado 45 toneladas de alimentos, llegando ayuda a Bogotá y a los departamentos de Risaralda, Caldas y Valle del Cauca, en particular a las ciudades de Pereira, Manizales y Cali.
Las donaciones están ayudando a cubrir algunas de las necesidades más urgentes en estas zonas. Muchos residentes se han quedado sin electricidad ni agua potable, y también hay escasez de alimentos no perecederos, productos de higiene personal y otros artículos de primera necesidad.
Una de las ciudades más afectadas es Cali, donde al menos 30 edificios se derrumbaron. En el barrio El Refugio, 17 voluntarios monitoreaban la situación, apoyaban a los grupos de rescate y asistían a las familias que permanecían en la zona.
Una de las necesidades más urgentes ha sido el acceso al agua potable, que los voluntarios se han esforzado por proporcionar. Se distribuyó agua embotellada en diferentes puntos de la ciudad, beneficiando a 350 personas. Los voluntarios también apoyan a quienes trabajan en primera línea de emergencia, proporcionando desayuno y almuerzo a los miembros de las brigadas que participan en las operaciones de rescate y atienden a las víctimas.
Además de Cali, los voluntarios también han estado trabajando en Pereira, la capital de Risaralda, asistiendo a familias necesitadas. Poco después del terremoto, salieron a las calles para ayudar a las personas que se habían quedado sin hogar.
A lo largo del día, se distribuyeron 250 comidas, junto con ropa, medicamentos y pañales. Para las familias que perdieron sus hogares o no pudieron regresar a ellos, este apoyo práctico les brindó cierto alivio durante un momento incierto y difícil.
Sin embargo, se prevé que la necesidad de asistencia continúe. Con muchos edificios parcial o totalmente destruidos, los residentes siguen temiendo nuevos temblores, mientras las comunidades se enfrentan a la difícil tarea de reconstruir sus vidas.
A medida que comienza la recuperación, la Iglesia Universal mantiene su compromiso de apoyar a las familias y trabajar junto a los equipos que ayudan a Colombia a recuperarse de la devastación.
Fuentes:
https://edition.cnn.com/2026/08/10/americas/colombia-earthquake-intl