Un mensaje de aprobación, una llamada que llevabas tiempo esperando, un correo electrónico que por fin dice “sí” o una carta que llega con la confirmación de tu solicitud: todo eso puede cambiarte el ánimo en un instante. Todos conocemos esa sensación, ya sean los resultados de un examen, una solicitud de empleo, la aprobación de un visado, un logro financiero, un éxito empresarial o simplemente cualquier resultado positivo tras un largo periodo de incertidumbre o retraso.
Cuando por fin llegan las buenas noticias, la sensación es increíble. Alivio, emoción, gratitud, lágrimas e incluso incredulidad. Parece que todo encaja a la perfección.
Pero la realidad es que la vida no siempre es así.
Hay momentos en los que nos encontramos en la espera. Sin novedades. Sin respuestas. Sin buenas noticias a la vista. Solo silencio. Y en esos momentos, es muy fácil sentirse inquieto, desanimado, frustrado o incluso tentado a rendirse. Empiezas a preguntarte si las cosas cambiarán alguna vez.
Pero esperar no significa que no esté pasando nada. La Biblia nos recuerda esto con gran fuerza: «Y al sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret» (Lucas 1:26).
Y el mensaje que trajo fue transformador: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.» (Lucas 1:30-31).
María no esperaba tales noticias. De hecho, desde un punto de vista natural, su situación no sugería que algo extraordinario estuviera a punto de suceder. Pero en ese «sexto mes», todo cambió. Lo que parecía un tiempo ordinario se convirtió en el momento en que recibió la noticia más importante de su vida: concebiría al Salvador.
El verdadero desafío para muchas personas no es solo la espera en sí, sino cómo responden mientras esperan. A menudo nos enfrentamos a una elección: perder la esperanza o seguir creyendo, dejar de avanzar o permanecer fieles en lo que hacemos. La fe no es simplemente una ilusión, se trata de mantener la fe incluso cuando aún no se aprecian cambios. Cuando la fe se combina con la acción y la perseverancia, crea las condiciones para que el cambio ocurra.
Así que, si te encuentras en un periodo de espera, no des por sentado que tu historia ha terminado ni que nada cambiará.
Si deseas fortalecer tu fe y unirte a otros que también creen en el cambio, te invitamos a participar en la reunión «Prosperidad con Dios» para el Lunes de las Buenas Nuevas, en la Iglesia Universal en español. Es un momento para orar, reenfocarse y creer que, en efecto, las buenas nuevas llegarán.
Evento: Lunes de las Buenas Nuevas
Día y hora: Lunes, 1 de junio a las 19:30h (también a las 7:00h, 12:00h y 16:30h)
Lugar: En la Iglesia Universal en español