Qué hacer ante una mala noticia

Bad News

Hay momentos en la vida en los que todo parece ir bien, hasta que de repente nos golpea una mala noticia. Puede ser un diagnóstico de salud inesperado, la pérdida de un trabajo, la traición de una pareja o la trágica muerte de un ser querido. En esos momentos, es natural sentirse abrumado e impotente. Las malas noticias pueden conmovernos profundamente. Sin embargo, la forma en que reaccionamos durante estos momentos difíciles puede marcar la diferencia.

En la Biblia encontramos un ejemplo que ilustra cómo reaccionar en tales situaciones. En Isaías 37, el rey Ezequías recibe una carta del rey de Siria amenazando con invadir Jerusalén. En respuesta, rasgó sus vestiduras, se vistió de cilicio (que simboliza angustia, luto y humildad) y fue a la casa del Señor.

Esta reacción trajo gran liberación a Jerusalén, ya que Dios envió un ángel que destruyó al ejército enemigo, que contaba con más de 200.000 soldados. La reacción de Ezequías nos impulsa a reflexionar sobre nuestras propias reacciones ante las malas noticias. Si bien es natural sentir emociones negativas en momentos así, es crucial que nos apoyemos en nuestra fe y la pongamos en práctica.

La respuesta de Ezequías no fue impulsiva; surgió de una profunda relación con Dios. Esto se demuestra aún más adelante, cuando recibió la noticia de que moriría a causa de una enfermedad. En lugar de aceptar este destino, el rey clamó a Dios diciendo: «Oh Señor, que te acuerdes ahora de cómo yo he andado delante de ti en verdad y con corazón íntegro, y he hecho lo bueno ante tus ojos.» (Isaías 38:3).

Al afrontar las malas noticias, las crisis y la incertidumbre, nuestra relación con Dios es vital. La dependencia de Ezequías en Dios y su negativa a aceptar ese destino provocaron una respuesta del Todopoderoso.

Esto nos enseña que la forma en que manejamos las noticias negativas refleja el estado de nuestra fe. A menudo, cuando nos encontramos en medio de un huracán, podemos sentir desesperación, quejarnos o llorar. Sin embargo, Ezequías nos mostró la única acción positiva que podía (y debía) tomar era clamar a Dios. Al hacerlo, encontró paz al entregar la situación al Todopoderoso, quien puede hacer lo que nadie más puede.

Nadie es inmune a las malas noticias, ya que vivimos en un mundo convulso y somos susceptibles a muchos desafíos e injusticias. Sin embargo, esto no significa que Dios nos haya olvidado. Para liberarnos, solo necesita ver nuestra fe, no nuestra desesperación, emociones ni lágrimas.

Así que, cuando te encuentres rodeado de malas noticias y dificultades, presenta tu situación ante Dios. En lugar de quejarte, clama a Él. Al hacerlo, recibirás tu respuesta y Él será glorificado.

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